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Mejora continua, un hábito para las organizaciones

Aunque se oye hablar mucho de la mejora continua, escuchamos poco la reflexión acerca de:


  • ¿Para qué necesitamos y/o queremos la mejora continua?

  • ¿Qué queremos conseguir mejorando continuamente nuestra organización?

  • ¿En qué consiste mejorar continuamente como organización?

  • ¿Cómo hacemos visible y tangible la mejora continua?


Para ir dando respuesta a estas preguntas, antes que nada, lo primero que tienes que saber es que la mejora continua debe convertirse en el “Hakuna Matata” de las organizaciones: una forma de ser, nada que temer. Una filosofía de vida.


Implica un cambio de mentalidad personal. Una apertura a la convicción que todo tiene posibilidad de mejora, y un enfoque de pensamiento diario que cuestione (de forma positiva y constructiva) lo que hacemos y dónde podemos mejorar.



¡AQUÍ TIENES UNA TÉCNICA PARA EMPEZAR!


1. Responde al ¿para qué quieres mejorar? ¿qué te gustaría mejorar? ¿qué aspecto es claramente mejorable en tu equipo/organización? Identifica un propósito a tu mejora. Te servirá de guía para la acción, te facilitará la identificación de indicadores, y especialmente, te ayudará a implicar a los miembros del equipo en todo el proceso.


2. Pon foco en la eliminación de problemas y/o obstáculos, y en la optimización de los procesos y tarea. Identifica aquellos aspectos que percibes que ralentizan o afectan ese proceso y/o tarea que haces; o incluso en aquellos aspectos que incorporándolos o cambiándolos generarían mayor aporte de valor a la organización.


Recuerda que no todo es eliminar, también hay opciones como ajustar, optimizar, automatizar, digitalizar, cambiar la herramienta, etc.


3. Identifica una pequeña mejora que puedas empezar a implantar ya mismo. La mejora continua no es cosa de una sola vez. Es una práctica que funciona si se hace de forma constante en diferentes áreas de la organización. Tampoco necesitas poner foco en “grandes cambios”. Necesitas hacer, al menos, pequeños cambios (reales, viables, sencillos, prácticos…) en tus procesos, tareas, estructuras, dinámicas, etc. para comenzar a ver resultados.


4. Lanza un pequeño reto de mejora en tu equipo cuanto antes. La mejora continua es responsabilidad y compromiso de tod@s. Si todos los niveles de la organización lo hacen, ¡imagínate el poder que pueden tener pequeños pasos a gran escala!


5. Piensa en cómo podrías saber que tienes éxito en el paso que vas a dar, el reto que vas a lanzar o que le has pedido a tus equipos internos que hagan. Establece algún indicador que refleje los resultados que se han obtenido de esa mejora y la forma en la que se van a compartir (pe en la próxima reunión de equipo, en el encuentro anual, en el punto de coordinación que hacéis cada semana...) Los indicadores facilitan la toma de decisiones de los profesionales. Es por ello, que se vuelve fundamental, la definición de indicadores claros que se relacionen con el impacto generado en las diferentes acciones de mejora implantadas.


Si son resultados positivos, podrás escalar la solución. Y si son negativos, podrás hacer ajustes rápidamente para canalizar el esfuerzo del equipo.


6. La equivocación no es un mal resultado, es necesario para aprender y hacerlo mucho mejor la siguiente vez. Fomentar la cultura de aprendizaje continuo, facilitará la apertura de los profesionales para la generación de nuevas ideas para mejorar.


Así que, ¿cuándo vas a empezar? ¡Pues te animamos a que sea ahora mismo!



¡Comienza a hacer de la mejora continua un hábito!



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